1945 Berlín.
Recuerdo aquel año, lo recuerdo bien por que fue una mañana fría en todos los rincones que quedaban sin ser bombardeados en Alemania, ellos quemaron su Historia, la documentación, y muchas cosas por las que ahora, la niebla roja de aquella cruenta guerra se recuerda desde el lado de los vencedores, casi únicamente... fui oficial de marina en la armada real, sí, lo fui hasta 1941, cuando decidí irme a Alemania, cambiar de Aires, y en el Viejo mundo, que de viejo no tiene nada, las cosas comenzaron a sentirse picantes, especiadas con un hedor a clavo de olor, sangre petróleo y pólvora... me cambié de bando, no por apoyarlos, en el fondo siempre fuí neutral... como en tantas otras batallas, pero siempre apoyé la Libertad... por eso saboteé los planes Franceses de recuperar su Colonia en Haití, fui yo quien enveneno el Agua de una docena de navíos, con un soporífero que, sin embargo no mitigó el tenor rimbombante en el alma de los franceses, no, ellos lucharon, y lo hicieron bien, pero contra casi medio millón de Africanos enardecidos, el iracundo aroma a muerte de franceses, fue un hecho que desató, la Leyenda, de que en aquel lugar habitaba el Demonio, y que renacería en un ]Negro, razón por la cual el mundo se volvió, aún más racista, pero en el subconsciente, esa es otra memoria, pero yo los ayudé, para bien o para mal...
Ahora luchaba por causas totalmente diferentes, luchaba para ver, qué tanta humanidad quedaba en los fríos corazones humanos endurecidos por la guerra... olía el miedo de los Alemanes, el miedo mezclado con resentimiento, Venganza, Vergüenza, y patriotismo, pero el sano, no el nacionalismo iracundo que antes, los cegó...
Maté cientos de rusos con un franco-tirador, era simple, el poder de su espíritu no era lo suficientemente fuerte como para esquivar balas, aún no, aunque algunos oficiales, no lograban morir, quizá, por que disparaba solo una bala por hombre, quizá, por que se lo dejaba al destino.También estuve en infantería, como en tantas otras guerras, como cuando mataba cruzados en Jerusalem, como cuando asesine medio escuadrón imperial en China... razón por la cual, fui sentenciado a morir quemado, un par de años más tarde... por supuesto, no morí... como tantas otras veces, que debí morir, pero mi espíritu nómada se resistía...
Te confieso viajero: soy un nómada, de mi clase quedan pocos, poco en verdad, he sido asesino, he sido mendigo, he sido sacerdote, político, guerrero, he amado a más y bellas mujeres de las que podrías soñar jamás... llevo el nombre del aliento divino, y el abrazo de mil demonios tatuado en mi piel... sí, fui condenado, hace milenios atrás, no me digas que los dragones no existen... no me digas que no pueden maldecir.
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